Competencias en la Educación de los Futuros Médicos

estudiante de medicinaEstamos aún en el inicio del año y es un buen momento para hacer algunas reflexiones sobre lo que pensamos acerca de las competencias en la educación de los futuros médicos. Uno de los cursos que imparto es Metodología de la Investigación para el séptimo semestre de la licenciatura en medicina es decir en un nivel de ciclos clínicos, a un semestre del internado de pregrado para la mayoría de los cursos en México.

Al inicio de los cursos se convoca a los profesores de los diferentes niveles para hablar entre otras cosas de las estadísticas de rendimiento del semestre previo, los planes de estudio, las políticas de la universidad, los programas de desarrollo, investigación, clasificación, etc. Por supuesto hay muchos temas de interés sobre los cuales discurrir y discutir, pero uno de particular importancia por obvias razones es el rendimiento de los alumnos.

Sin ánimo de hacer un análisis en este momento de la eficiencia de cada curso o de la licenciatura en general, un aspecto que me llamó la atención es que los docentes buscan – o buscamos – razones por las cuales algunos alumnos pueden no estar desempeñándose de la mejor manera posible.

Métodos vanguardistas frente a métodos tradicionales

Para quienes, desde hace algunos años ya, hemos estado expuestos a los método de enseñanzanuevos métodos docentes basados en el método constructivista, el aprendizaje colaborativo, el aprendizaje basado en problemas, el uso de TICs, rúbricas, listas de cotejo, redes sociales, etc., el pensamiento nos lleva a concluir que algo hemos estado haciendo mal. ¿Quizás nuestros métodos no son tan dinámicos? ¿Quizás nuestras evaluaciones son muy subjetivas y rígidas? ¿Quizás no hemos proporcionado – o mejor aún – ayudado a construir los mejores ambientes de aprendizaje? ¿Tal vez la comunicación con los alumnos es deficiente? ¿Los métodos de enseñanza son incorrectos, aburridos o confusos? Y un sinnúmero de otros cuestionamientos por el estilo.

En contraste los profesores que por distintas razones son ajenos a los enfoques previamente citados, sin ser la regla, aplican los métodos de enseñanza tradicionales con los que fueron formados. Es cierto, muchos de estos métodos son rígidos y algunos anacrónicos y quizás hasta obsoletos. Están basados en una gran parte de memorización, rigor disciplinario y verticalidad en la toma de decisiones. Y la responsabilidad de los malos resultados se atribuye casi por completo a los alumnos.

Ahora bien, ambos métodos de enseñanza llevan un tiempo suficiente conviviendo como para estar en posición de pensar en evaluarlos, en particular en la enseñanza de la medicina. Y a mí me surge una pregunta ¿Si el propósito final es que las universidades gradúen médicos competentes en todas las áreas: académica, humana, social, de investigación por mencionar las más relevantes ¿cuál de ambos métodos puede presumir de eficiencia?

La tendencia casi natural podría ser la de asumir que el primero de ellos es el mejor porque está construido en la racionalización de muchas variables. Pero concluir eso a priori no sería científico, sino dogmático, ideológico.
No es este el lugar para hacer dicho análisis, pero sí me gustaría al menos hacer esta reflexión. El método constructivista con todos sus beneficios evidentes – pero también con otros muchos supuestos – se ha generado en un mundo donde la libertad, la autonomía, la autodeterminación, la responsabilidad personal y social, el respeto, la información, etc., son conceptos en auge y responden a la necesidad de un mundo que lucha por generar un mejor nivel de vida en todos los aspectos.

¿La disciplina está en contra de los Derechos Humanos en Medicina?

Con esta evolución del gran paraguas de los Derechos Humanos, cualquier sutil indicio de rigor, disciplina, límites, reglas, presión, autoridad, se toma como una afrenta, como una ofensa cuando no como una violación de todas las demás libertades.

Y la medicina no ha sido la excepción. Los planes curriculares, los organigramas de las escuelas, las políticas de enseñanza y de graduación, pasando por los ciclos básicos y clínicos están centrados en el crecimiento y desarrollo del estudiante.

¿Qué competencias se deben diseñar para los nuevos estudiantes, para un nuevo mundo?

competencias en medicinaEl problema es que se esperaría que los estudiantes insertos en los nuevos métodos de enseñanza mejoraran sus rendimientos y sobretodo fueran unas mejores personas y profesionales de lo que fueron quienes los precedieron. Cabe a cada uno analizar si esto ocurre en sus propios campos de trabajo. En el que yo me desempeño no estoy viendo eso en todos los casos.

Y me cuestiono ¿de qué forma todo el aparato educativo que hemos construido puede proporcionar muchas de las competencias retadoras, demandantes, desagradables, angustiantes, con las cuales nuestros estudiantes tarde o temprano tendrán que contender en su formación de posgrado en los hospitales o en su práctica privada?

¿Cómo diseñar un método para que un alumno comprenda que debe prescindir del teléfono celular durante el tiempo que se encuentre en un servicio de urgencias o terapia intensiva donde la atención debe concentrarse solamente en la evolución de un paciente en el cual los minutos y aun los segundos de cuidado o de distracción pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte?

¿Cómo transmitir la idea de que en su tiempo en la escuela o en el hospital debe dar prioridad a la resolución de problemas clínicos o más aún a la atención de pacientes por sobre preferencias personales como ver un partido de futbol o jugar un videojuego?
¿Cómo generar la empatía por el más débil, por el que sufre, por el que requiere un servicio en lugar de verlos como una molestia necesaria para lograr la propia superación profesional?

¿Una ética médica superior para servir al prójimo o el prójimo como modelo de ética médica?

No hay respuestas simples. La sociedad evolucionó y dentro de esa sociedad también están las escuelas y programas de medicina del mundo. Hoy los estudiantes dejaron de parecerse a modelos tradicionales que antes eran icónicos para parecerse más al prójimo. Eso en principio estaría bien, sino fuera porque en general el prójimo no se interesa por un paciente tanto como para brindarle más atención y ayuda que la que cualquier ciudadano brinda a otro en condiciones normales. El médico tiene una responsabilidad que exige que su comportamiento esté por arriba de esas expectativas comunes, puesto que la enfermedad con frecuencia nos expone a situaciones fuera de lo común.

Está bien eliminar el autoritarismo, limitar la memorización solo a aquellos procesos específicos que la requieran, involucrar a los estudiantes en la toma de decisiones conjuntas, inducirlos a razonar, decidir, resolver problemas con base en un pensamiento lógico y no en la imitación o sometimiento a figuras de autoridad, pero quizás debamos reflexionar sobre la necesidad de trabajar en las competencias que les permitan contender con situaciones que requerirán de su carácter, decisión, responsabilidad, atención, compromiso, etc.

Me parece que en la actualidad existe una confusión – e inclusive temor – en las autoridades escolares y docentes sobre el grado de influencia que pueden ejercer en los alumnos sin que cualquier comportamiento se llegue a considerar un atentado a los Derechos Humanos. Por parte de los alumnos esta confusión creo que va en el sentido de no saber cuál es el límite entre lo que pueden exigir como un derecho y lo que es parte de un exceso en las demandas y la libertad.
Al final de cuentas resolver estos dilemas repercutirá en la mejor o peor atención que se brinde a los pacientes, sean del ámbito privado o público, es decir en que con nuestra educación como médicos resguardemos los Derechos Humanos de esos pacientes también y quizás antes que los nuestros.

Aquí comparto un video que servirá de recordatorio del juramento al que los médicos del futuro se comprometerían.

Si eres estudiante o docente de Medicina, por favor comparte tus comentarios e inquietudes con nosotros en la parte de abajo. Apreciaremos mucho saber que piensas.

 

 

 

Publicado en General | 2 comentarios

Concepto de Tecnología de la Información y la Comunicación (TIC)

En esta primera entrada del blog me gustaría abordar el concepto de tecnología de la información y la comunicación, así en singular por ser una de las ideas centrales en las nuevas estrategias de educación.

El término TIC que es el acrónimo de Tecnologías de la Información y la Comunicación (en plural) ha llegado tener un uso tan extendido que aún sin saber a qué se refiere es muy probable que ya lo hayamos escuchado en alguna parte.

No obstante al tratar de definirlo quizás nos encontraremos en dificultades pues cada persona dependiendo de su edad, de su bagaje social, económica y cultural; de su preferencia y/o acercamiento a las tecnologías de la era digital y por supuesto del ámbito de su competencia profesional, entre otros diferenciadores, tendrá una idea distinta de lo que el término TIC representa, como lo describe, que ideas le genera y sobretodo como se usa y que relevancia tiene para su vida personal o su actividad profesional o comercial.

Por lo tanto, en las siguientes líneas lo que trataré de reflexionar será en primer lugar el concepto de tecnología de información y comunicación un tanto fuera de su ámbito actual, para luego explorar como en términos generales es que dicho concepto ha adquirido una identidad específica condensada en término TIC.

Será interesante ver cómo las nuevas generaciones se han apropiado de este término que en rasgos generales comprende un campo mucho más vasto que aquel solo concerniente a la educación.

Finalmente platicaremos de qué forma al ubicar el papel que desempeñan las TICs en la Educación – el cual también es un amplísimo territorio – podemos sacar ventaja para nuestros fines específicos en Educación Biomédica.

¿Qué ideas nos evoca el concepto “tecnología de información y comunicación”?

Para aquellas personas que desempeñan o han desempeñado alguna actividad docente el término TIC o su significado completo quizás evoque una lista más o menos larga de aplicaciones y software en general para utilizar como herramientas de enseñanza. Me refiero, sin entrar en detalles por ahora al uso de mapas mentales y conceptuales, líneas de tiempo, infografías, rúbricas, wikis, blogs, videos, etc.

Sin embargo, si entrevistáramos a profesionales de la informática y/o las comunicaciones el concepto representa horizontes mucho más amplios y sofisticados y en una gran cantidad de casos no necesariamente relacionados a la docencia. ¿Quién tiene razón?

Al buscar el término TIC en Wikipedia no encontramos una definición explícita. El artículo está escrito por alguien probablemente español – por las referencias frecuentes que hace sobre España –  y que además sugiere que desempeña alguna actividad dentro de la informática. Es decir, en principio tiene una perspectiva europea y aparentemente no relacionada con la docencia. Con todo, contiene información interesante que valdría la pena conocer al menos para ampliar nuestra propia perspectiva del término.

Pero consultando algunas otras fuentes tanto en línea como fuera de ella, sin encontrar una definición consensuada en el mundo, al menos se puede extraer que por TIC se entiende el

 

conjunto de tecnologías que se encargan de organizar, procesar y difundir, compartir o transmitir una información

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) estas son las definiciones de los términos que componen la idea que nos ocupa:

Tecnología

1. f. Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico.
Información

5. f. Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada.
Comunicación

3. f. Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.

Con base en las definiciones anteriores podríamos proponer otro enunciado sobre este concepto que quedaría así:

“el uso de la tecnología para transmitir mediante un código – cualquiera que este sea: alfanumérico, binario, pictográfico, morse, runas, etc -, entre un emisor y un receptor, los conocimientos que se poseen sobre una materia determinada”

Podemos estar más o menos de acuerdo con estas ideas, pero por ahora quedémonos con ellas y quizás más adelante estemos en posibilidad de construir una más completa para nuestros fines.

Si nos atuviéramos a la segunda idea, podríamos decir que el hombre ha utilizado la tecnología para transmitir conocimientos entre un emisor y un receptor desde el momento mismo en que comenzó a tallar jeroglíficos o dibujos en una piedra. Tal vez esto nos parezca demasiado extremo, pero nos estamos refiriendo a ideas que una persona o un grupo de ellas tenían en la cabeza y que por alguna razón pretendían expresar. No sabemos si su intención en esos momentos fue la de comunicarlo a otros de forma intencionada, pero al fin y al cabo también cumplía esa función al menos con el grupo más cercano y lo hicieron con las herramientas más avanzadas de las que disponían en ese momento: piedras.

Hablar luego de las tablillas o los papiros donde se asentaban los nuevos conocimientos a medida que las civilizaciones se desarrollaban y organizaban, puede no satisfacer a quienes piensan en la difusión en masa de la información, en vista de que estos documentos eran accesibles solamente para un grupo de personas que sabía interpretarlos y que los mantenía a resguardo.

Habría que pensar que en tiempos antiguos hablar de grandes poblaciones no tenía la misma magnitud que tiene ahora. No obstante, es cierto que gran parte de los conocimientos de una persona dependían del estrecho círculo donde crecía y se desarrollaba, esto era esencialmente en la familia y pocas eran las familias que tenían acceso a los conocimientos archivados en templos, palacios o monasterios.

La aparición de la imprenta fue el inicio de un cambio que en realidad no se ha detenido. La distribución de textos impresos, aunque pudiera seguir limitada en un inicio a pequeños círculos de personas que sabían leer y escribir – es decir, comprender el código de aquel momento – al principio abría el camino para una distribución más extendida que ocurrió a medida que se imprimieron más volúmenes, se enviaron a diversos lugares y luego se tradujeron para compartirse con otras culturas. Esto también fue el uso de la tecnología para informar y comunicar y sin duda representó un cambio de paradigma que ocurrió en el S. XV, hace nada menos que alrededor de 600 años con la Biblia de Gutenberg, aunque hay quien incluso menciona que en el 868 ya se había impreso y distribuido El Sutra de Diamante en la antigua China.

El telégrafo con sus inicios en el S. XVIII con Nollet, el teléfono de Graham Bell – o Meucci como algunos reclaman – en el S. XIX, o el cine y la televisión en el S. XX son hitos del uso de la tecnología en pos de codificar diversas señales para comunicar una información y que en este caso si se convirtieron en un fenómeno de masas.

¿A dónde vamos con esto? Se trata de comprender que atrás de la tecnología digital, del software y de los aparatos electrónicos yace un concepto que ha sido milenario: transmitir conocimientos.

¿Tengo una intención oculta de minimizar o desdeñar la tecnología actual? ¡Por supuesto que no! Al contrario, trato de ponderar el hecho de que para utilizar la tecnología de manera óptima al menos en docencia tenemos que comprender el propósito de fondo, pues una vez involucrados en el mundo cibernético es muy fácil confundirse y distraerse con “el primer objeto brillante” que nos aparezca enfrente.

Esto lo digo porque a veces pareciera que cuando como docentes comenzamos una capacitación que requiere de aprender a utilizar TICs en nuestros diseños pedagógicos, la principal preocupación se vuelve la tecnología y no los fines que perseguimos con la misma. Y nuestra labor a fin de cuentas es como docentes, no como tecnólogos que es un mundo en el que podríamos fácilmente perdernos.

¿Qué tanto abarca el mundo de las TICs?

Para los profesionales de las ciencias de la computación las TICs prácticamente nacen con la creación de la primera red de computadoras o Internet en 1969 como parte de un proyecto de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (ARPA) del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Sin entrar en grandes detalles de lo que se trataba era de conectar diferentes computadoras para que pudieran compartir información a alta velocidad. Un proyecto que inicialmente estaba dentro del campo de la administración militar pero que al involucrar a científicos y tecnólogos de diversas universidades y empresas terminó expandiéndose en dichos ambientes con aplicaciones nuevas como los correos electrónicos o las páginas web madurando hasta la red que conocemos actualmente.

El propósito principal de esa primera red – el cual se ha mantenido hasta nuestros días – es la transmisión de la información de manera descentralizada, es decir en la medida en que dicha información se comparte no existe realmente un “dueño” de la misma a excepción claro está de la información que no se comparte y que para fines prácticos es como si la tuviéramos en un cajón bajo llave.

Dado que dicho intercambio de información no es físico porque se asume que parte de la utilidad del esquema es la velocidad y la distancia entre los nodos que la comparten, se requiere entonces de un sistema que permita realizar dichas funciones.

Aquí es donde realmente comienzan a entrar las TICs en escena. Para la comprensión, desarrollo, funcionamiento, mantenimiento, expansión, etc., de estas redes de información se requieren profesionales en la materia que se interesenn por los nodos (computadoras, servidores), programas y redes que gestionen la creación, localización, movimiento y dirección de la información.

En el universo de las redes de información a los especialistas de la materia les interesan las terminales desde donde la información se genera o hacia donde llega tanto en los hogares como en las grandes corporaciones, en las industrias o incluso en los gobiernos y que pueden incluir desde consolas de videojuegos, televisores inteligentes, computadoras portátiles o de escritorio incluyendo sus sistemas operativos, navegadores, grandes servidores, etc.

Pero de la misma forma les interesan la estructura de las redes mismas, los materiales de que están compuestas, sus velocidades de transmisión, los protocolos de funcionamiento de acuerdo con las disposiciones técnicas locales, nacionales o internacionales (telefonía fija, móvil (GSM, 4G, LTE, Wi-Fi), banda ancha (FTTH, FTTB, ADSL), televisión (terrestre/satélite/cable), etc.

Evidentemente además de los componentes que conforman la estructura de red de la información importan las funciones y servicios que dicha red es capaz de brindar. Para un ciudadano promedio la información que puede gestionar en forma de texto, imágenes, video o audio es la que recibe y envía en sus mensajes de correo electrónico, a través de motores de búsqueda como Google, Yahoo! o Bing o directamente en direcciones (url) de páginas de interés específicas, redes sociales (Facebook, LinkedIn, Twitter, etc.), blogs (WordPress, Blogger), comunidades virtuales, etc.

Para que este manejo de la información sea amigable los profesionales trabajan con algoritmos que tratan de comprender la forma en la cual el usuario final interacciona con la red de información además de crear interfaces que sean accesibles, eficientes, intuitivas capacitando a cualquier persona a ponerse en contacto con el mundo y llevar a cabo intercambios personales (chat, videoconferencia, correo electrónico, películas, etc.), académicos, comerciales (publicidad, compra-venta), gubernamentales (empleo, impuestos, seguridad social, registro civil, etc.), por mencionar solo algunos

En todos los ejemplos anteriores y el resto que se intuye, se emplea la tecnología que gestiona la creación y la distribución de la información, es decir se emplean las Tecnologías de la Información y la Comunicación: TICs.

Las nuevas generaciones y las TICs

Con lo explorado hasta ahora se esperaría que el concepto que todos deberíamos tener de las TICs abarcara desde los orígenes del hombre y su necesidad de expresarse y transmitir sus conocimientos, hasta los últimos desarrollos tecnológicos de nuestros días. No obstante, ocurre un fenómeno interesante en el cual las generaciones más recientes, quizás particularmente las llamadas generaciones Y, Z y los millenials se han apropiado del término TIC para utilizarlo en un sentido que trasciende al de las generaciones precedentes o inclusive al de los profesionales de la materia.

Para dichas generaciones definitivamente todas las tecnologías previas al internet y el desarrollo asociado al mismo, no están consideradas. No importa si la tecnología fue rudimentaria o sofisticada, o si fue moderna o muy antigua. Si no está incluida en la era digital simplemente no pertenece a ella.

Los más ortodoxos necesitan incluir los calificativos “informático” y “nuevo” para poder considerar otorgar el título a una posible TIC. De la misma forma no importa que la información se haya diseminado logarítmicamente desde la aparición de los libros, para hablar de sociedades de información, se requiere que la idea esté asociada a las redes virtuales. Nuevamente esto limita nuestro concepto a solamente las últimas décadas al romper el continuum de desarrollo y dar pie a la idea de Brecha Digital para todos y todo aquello que, por diversas razones económicas, sociales, tecnológicas, de género, educación, etc., no tengan acceso a las tecnologías más recientes, de tal forma que la separación entre las generaciones recientes y las anteriores no solamente está separada ahora por la Brecha Generacional sino por la Digital también.

La apropiación que ha hecho la sociedad de la era digital, la sociedad de la información con los millenials abanderándola, trasciende de los profesionales de la información y la comunicación dado que no circunscriben las TICs solo a sus aspectos técnicos sino a un espectro mental, conductual y social mucho más amplio.

Dentro de los nuevos códigos y lenguajes de la sociedad de la información, TIC significa mucho más que solo tecnología, información y comunicación. Representa velocidad vertiginosa para estar informado de forma instantánea; virtualidad para ser testigo de sucesos que no son físicos; enriquecimiento auditivo y visual que supera a la realidad y sobretodo portabilidad para que todo lo anterior ocurra ahí exactamente donde nos encontremos no importa donde sea. En pocas palabras, gran parte del proceso de búsqueda-recompensa-satisfacción que caracteriza a nuestra era.

Pero para ser justos, hemos de aceptar que junto a las compulsiones más egocéntricas y/o hedonísticas que pudieran estar asociadas a las TICs se erigen también otra serie de valores que las reivindican y acaban por darles forma. Un rasgo muy característico de estas tecnologías es su potencial para “masificarse” para extenderse en una verdadera sociedad global. Lo instantáneo que mencionamos antes, se vuelve ahora parte del mundo y hablamos entonces de interconexión e interactividad.

Esta “globalidad” de las TICs es probablemente su rasgo más distintivo que las extrae del entorno estrictamente tecnológico y las vuelve sociales. Este rasgo no obstante es una espada de dos filos.

Por un lado, la información de diversos tipos y procedencias está expuesta a sufrir una carencia de rigor metodológico en las fuentes que diluiría su calidad además de que existe siempre el riesgo de una pérdida de la intimidad individual o grupal al formar parte de la sociedad de la información.

Por otra parte al hacer la información más barata, más extendida y más rápida, las TICs se convierten en herramientas potenciales de cambios sociales y demográficos que como dijo en su momento el anterior Secretario General de la ONU Kofi Annan en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información en el 2003 en Ginebra contribuirían a las causas de la libertad y la democracia al ser vehículos entre otros proyectos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en particular del Objetivo 2: Lograr la Enseñanza Primaria Universal.

Las TICs y la Docencia

¿Qué parte de todo lo anterior nos concierne a los docentes en relación a las TICs?¿Sus antecedentes?¿Los aspectos técnicos?¿El uso en la era digital?¿Su proyección como agentes de cambio social?

Tal vez un poco de todo ello.

Las TICs son el concepto de generación y transmisión de la información, pero también son los programas (software) que generan y transmiten esa información, y son las terminales donde se encuentran los programas y son las redes que conecta a esas terminales y son la infraestructura que soporta dichas redes (hardware).

Por supuesto debemos conocer también ciertos aspectos técnicos de la estructura y funcionamiento de las TICs. No se trata de volvernos especialistas de la “arquitectura del hardware” o de la programación del “software” sino saber cómo utilizarlos de la mejor manera para el proceso de enseñanza-aprendizaje y entender las capacidades técnicas que tiene la institución donde nos desempeñamos para proveerlas o inclusive nuestra propia capacidad individual en el caso de que seamos profesionales independientes.

La historia que nos ha traído hasta las TICs me parece que es esencial para comprender que lo más crítico del proceso de enseñanza-aprendizaje es la apropiación del conocimiento por parte de los estudiantes y luego la transformación de dicho conocimiento en aras del bien común. No son la TICs en sí mismas las que producirán estos procesos sino el cerebro de las personas, su conciencia como agentes de cambio y su interacción con los demás.

Ahora bien, si las TICs pueden hacer que todo lo anterior sea más rápido, más potente, más equitativo e inclusive más divertido y fácil ¡pues bienvenidas sean! Diversas fuentes a las cuales nos iremos refiriendo en las progresivas publicaciones nos hablan de reportes de investigación que hablan del papel de las TICs como potenciadores del aprendizaje en distintos niveles de la formación educativa.

Por lo pronto la UNESCO (Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declara que “Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden complementar, enriquecer y transformar la educación”, y en consecuencia propone que los docentes deben prepararse para empoderar a sus alumnos a utilizar las TICs con el mayor provecho en su aprendizaje.

Esta agencia señala aquellos aspectos de la educación que se beneficiarían del uso de la tecnología

  • “acceso universal”
  • “reducción las diferencias en el aprendizaje”
  • “apoyo en el desarrollo a los docentes”
  • “mejoraramiento de la calidad y la pertinencia del aprendizaje”
  • “refuerzo de la integración”
  • “perfeccionamiento de la gestión y administración”

Para el efecto de preparar a los docentes, emitió en el 2008 el documento “Estándares de Competencia en TIC para docentes” que pretende incidir en el conocimiento de las TICs por parte de los mismos desde sus aspectos más básicos hasta la generación de conocimiento.

De manera complementaria al documento anterior, el Instituto de Estadística de la misma UNESCO publicó en  2009 el Manual del Usuario “Medición de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en educación” que se enfoca en estandarizar conceptos e índices de medición sobre la interpretación y el uso de las TICs a nivel internacional.

Los documentos arriba citados son solo dos ejemplos de los diversos esfuerzos que la comunidad internacional liderada por sus agencias más icónicas está poniendo en “profesionalizar” el uso de TICs para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje a nivel global, aunque hay que mencionar que tales esfuerzos por razones obvias están concentrados en el desarrollo de la educación básica y media sobre todo en países en desarrollo.

Nos toca a los docentes de niveles superiores y de posgrado adaptar cada uno de los avances en el uso de TICs en nuestros propios círculos de interés e influencia.

¿Por qué utilizar TICs?

A final de cuentas ¿cómo me beneficiaría yo como docente al utilizar las TICs? ¿existe algún beneficio real, tangible o solamente estaría imitando modelos importados? ¿es una moda pasajera o una tendencia a la que evolucionaremos indefectiblemente?

Estas son preguntas cuyas respuestas no pueden responderse con monosílabos o declaraciones categóricas.

Es indudable que en mayor o menor grado aquellos docentes menos preparados y/o con menos afinidad por las tecnologías digitales han de transitar por una curva de aprendizaje si pretenden incorporar TICs en su práctica. Esto crea resistencia la cual puede ser un freno sino encontramos un propósito válido.

El propósito final de nuestros esfuerzos debe ser el aprendizaje de nuestros alumnos y ese lo tenemos que medir para constatar que existen avances, estancamientos o incluso retrocesos. Algunas TICs serán más útiles para potenciar los avances que pretendemos y algunas otras servirán para medir dichos avances ¿Cómo podremos saber si nos resultan útiles o no? Pues la mejor recomendación es: ¡utilizándolas!

No hay fórmulas mágicas. Cualquier lista de beneficios acerca del desarrollo de destrezas, aumento de productividad, fomento de habilidades, modelos pedagógicos, uso de capacidades, etc., puede quedar solamente como un catálogo de buenas intenciones sino se realiza investigación para sustentar cualquier postulado.

¿Vale la pena hacer investigación? Siempre vale la pena, pues nos permite descartar los dogmas, las modas y las verdades de los gurús. Pero además vale la pena porque la TICs parece haber llegado para quedarse y gradualmente las generaciones que llegarán a las aulas, a los laboratorios, a los consultorios y hospitales, a los quirófanos, a la cama del paciente estarán educadas y porque no decirlo moldeadas o condicionadas en ellas desde el nivel básico. Para muchos de ellos no solo son herramientas sino una forma de ver el mundo, su lenguaje propio.

Esto no significa que nos rindamos ante un entorno apabullante, sino en todo caso adaptar los cambios del entorno a nuestra forma particular de ser y de trabajar y probar distintas opciones que nos funcionen – muchas nos funcionarán – y descartar otras que no consideremos adecuadas, útiles o cómodas por cualquier razón.

¿Cuáles son los retos en el futuro?

Además de las desigualdades en educación que existen entre naciones, estás se hacen presentes también entre regiones en un mismo país, entre instituciones o inclusive entre individuos por razones de género, sociales, económicas o de cualquier otra índole.

El acceso a las TICs está aún sujeto a las políticas nacionales, regionales o locales, a cuestiones de presupuesto que inciden en el desarrollo de infraestructura adecuada, disponibilidad de equipo y software, mantenimiento, actualización y por supuesto capacitación.

Estos obstáculos son de índole material en su gran mayoría y como en cualquier otro ámbito estarán en función de manejos administrativos fuera del control de los operativos.

Pero ¿qué nos corresponde a los docentes enfrentar? Antes que otra cosa, nuestra propia inmovilidad. Es válido tener dudas, estar en desacuerdo o inclusive en franca oposición cuando existen justificaciones para hacerlo. En el caso de las TICs lo que se necesita en realidad es generar evidencia científica.

En el terreno pedagógico lo que abundan son las opiniones y las voces que frecuentemente se expresan fervientemente a favor de una corriente. La posición de un docente del área biomédica o de ciencias en general debería ser la de responder con argumentos suficientes para soportar o refutar hipótesis. La hipótesis general en este momento es la de que las TICs mejorarán la educación del presente y del futuro. Nuestro reto es el de someter a prueba el concepto de tecnología de información y comunicación frente a otros conceptos educativos de la Educación Biomédica y analizar sus resultados objetivos. ¿Qué opinas?

 

 

 

 

Publicado en General | Dejar un comentario